||La ciencia confirma que en la reconocida película
protagonizada por Bruce Willis y Ben Affleck está la clave para salvarnos de
una devastación.
(newsrepublic).- Las cintas de desastres cumplen una única
función: el deseo de ver todo destruido. Existen una infinidad de títulos que
se especializan en explotar el miedo, la agonía y la ansiedad que este tipo de
historias permiten. Seguimos a los valientes sobrevivientes, vemos morir a
personajes con los que nos encariñamos y las ciudades más preciadas del planeta
son destruidas en un abrir y cerrar de ojos en una dinámica de efectos que
encanta a más de uno.
Gracias a todos estos ruidosos y escandalosos elementos, el guion
no necesita ser una maravilla. Este género siempre encontrará espectadores y lo
cierto es que puede ser una buena fuente de entretenimiento a la que le
perdonamos errores importantes de origen. Armageddon - 39%, por ejemplo, es una
de las cintas más exitosas de su época y un título que sirve de referencia para
muchos otros trabajos similares; sin embargo, también es una de las más
criticadas.
Además del clásico enigma sobre entrenar a civiles para la
misión más importante de la historia en vez de enseñar a astronautas
profesionales a excavar una roca, la cinta de Michael Bay tiene otros errores
de que preocuparse, pero al menos ahora tiene una buena defensa para mantener
su dignidad. Resulta que la idea principal para deshacerse del asteroide (del
tamaño de Texas, por supuesto) que amenaza la vida en la Tierra no es tan
descabellada como parece.
En la cinta protagonizada por Bruce Willis y Ben Affleck, la
salvación de la humanidad implica poner bombas en el asteroide en un intento
por desviar su trayectoria al partirlo en dos y es aquí donde viene la magia de
la programación y la especulación. Según BrinkWire, un programa de Inteligencia
Artificial reveló que, efectivamente, el plan maestro de Bay sería la mejor
forma de deshacerse del problema en la vida real. Se trata de un algoritmo que
se enseña a sí mismo con la información que va adquiriendo, en una especie de
experiencia personal, y al que se le planteó el dilema sobre el asteroide
amenazando el planeta. Para buscar la respuesta, un grupo de astrofísicos,
liderados por Erika R. Nesvold, desarrolló el programa y preguntó por la mejor
forma de neutralizar el problema. Cada vez, el programa lanzó como resultado la
idea de poner bombas en el objeto en cuestión.
Aunque la NASA se encarga de vigilar los cielos y
constantemente se enfrenta a la paranoia de la gente, la realidad es que es
poco probable que un asteroide de esas dimensiones llegue a la Tierra. Aun así,
es bueno tener opciones. El programa, por ejemplo, propuso que la mejor idea es
buscar cómo desviar la trayectoria del objeto y no tanto cómo destruirlo. Para
ello dio tres alternativas. La primera es lanzar un proyectil especial llamado
Kinetic Impactor, que de hecho es el plan A de la NASA, y que al estrellarse
contra el asteroide podría hacerlo cambiar de dirección. La segunda opción es
acercar un objeto o nave con mayor gravedad que al acercarse al asteroide lo
alejaría de la superficie terrestre. La tercera opción es utilizar arsenal
nuclear para destruir al bastardo. La información permitirá que algunos duerman
más tranquilos y que los fans de la película (placer culposo de muchos) tengan
material para defenderla públicamente. Lo bueno es que el género no
desaparecerá pronto y siempre existen nuevas formas de aniquilar a la
humanidad.

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